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Estrenos: Frontera sin ley
Por J. E.
Publicado en Revista Ercilla, 10 de febrero de 1971.

Lo que pudo hacer sido una reconstrucción histórica de la vida del capitán Trizano y de los orígenes del Cuerpo de Carabineros de convirtió en un western, donde la policía lidia con los bandidos. A pesar de todo, quedan atisbos de las condiciones históricas de la época y tal vez por su sencillez y falta de pretensiones puede alcanzar éxito.

El mayor erros del libreto y de la dirección (Luis Margas) es que perdió la oportunidad de basarse en documentación e iconografía locales y optó por inspirarse más bien en otras películas del género, lo que –entre otras cosas– hace resaltar ciertas coincidencias con la temática del western norteamericano. Por ejemplo, el clima postbélico (allá la Guerra de Secesión; aquí, la del Pacífico) con desertores y ex soldados; la llegada de la policía de Trizano (ejército, sheriff) busca imponer la ley donde antes no regía. Hasta se incluyen algunas escenas con desdibujados mapuches para que este western chileno no carezca de pieles rojas. En otras palabras, se nota más aquello que se asemeja al film del Oeste tradicional y foráneo, que los ingredientes que pudieron darle sabor y colorido propios. El jefe de los bandidos, por ejemplo, parece producto de un cruce entre Toshiro Mifune y un cangaceiro brasileño.

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Su pandilla, organizada con disciplina paramilitar, trabaja “a la segura”. Antes de asaltar un fundo envían espías (generalmente el Rucio) para cerciorarse de que no habrá quienes les opongan resistencia. Con la llegada de Trizano y la formación de un cuerpo de gendarmería, se dan cuenta de que la era de impunidad llega a su fin. Tras varias escaramuzas, la confrontación y victoria de la ley.

El diálogo es pobre, pero las limitaciones principales son de orden técnico. La compaginación es débil, pero eso se debe principalmente a que se filmó sin tener en vista esa etapa de la elaboración del film. O sea, faltó el material que permitiera establecer ligazones mejores entre diversas tomas. El colorido insiste demasiado en verdes deslavados que malogran la belleza del paisaje y además hay descuidos evitables, como la aparición de un slogan electoral de cosecha reciente en el puente que un tren cruza al comenzar el film. En este plano abundan elementos mencionables; más grave, sin embargo, es que la dirección falló reiteradamente en lo que es esencial en este tipo de films, o sea, las escenas de acción. A veces por fallas del libreto: se telegrafía anticipadamente, por ejemplo, que una pistola escindida de Trizano y una piedra del gendarme indio resolverán las respectivas peleas.

Lo débil de la realización en el terreno técnico afortunadamente no halla un complemento en la interpretación. Es cierto que Raúl Rivera (Trizano) parece empeñado en erigir la estatua (de cartón piedra) delpersonaje, en vez de darle vida, pero hubo varios trabajos destacables. En primer lugar, Rubén Ubeira y Jorge Yañez (jefe de los bandidos y El Flauta); también Heine Mix (El Tuerto) y Ana María Jata (la madame del Chat Noir). En último termino fueron actores como éstos quienes hicieron el aporte más valioso a este fil modesto y endeble, pero, a pesar de todo, más potable de lo que sus defectos haría suponer.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, 10 de febrero de 1971.
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