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Otra película nacional.- Natalia
Por M.
Publicado en El Mercurio, 23 de junio de 1970.

No hay mucha gente en el cine –asisto a una sesión tradicionalmente poco concurrida-, pero en as caras de los asistentes se nota el deseo de encontrarse con un film digno de aplauso. Las películas nacionales disfrutan ahora de buen clima.

Vuelvo a repetir lo dicho con motivo del estreno de “El fin del juego”. La relativa abundancia de buenas películas extranjeras crea ocasiones frecuentes de comparación en desmedro, claro, de los productos chilenos. En el caso de “Natalia” el cotejo se agrava. “Natalia” es un film con pretensiones. Trata, legitimamente, por cierto, de emular lo realizado por los grandes maestros y por los países que tienen un cine próspero, maduro, basado en un standard social y económico que lo hace posible.

Felipe Irarrázaval no consigue lo que pretende. Dispone de dos buenos elementos que habrían hecho factible su intento: el paisaje y la buena fotografía en color de Ramón Orellana. No es bastante. Le falta en primer lugar, la figura femenina. La bella actriz que encarna al personaje de Natalia es tan inexpresiva, tan carente de cualquier condición comunicativa, tan fría, que hace tediosos los parlamentos con Pepe Guixé y transforma estas secuencias en penosos, en lamentables ejercicios escolares.

La culpa, claro es, no corresponde del todo a Inés Oviedo, aun cuando ella es la principal responsable. Pero el director pudo y debió darse cuenta – para eso es (por director) el máximo pre-crítico. Además el realizador se hace responsable del guión y éste es un cúmulo de lugares comunes, de palabreas mil veces repetidas y de vulgaridades que suman y agravan con su mediocridad el detestable desempeño de la actriz.

Me permito insistir una vez más. No se entiende el hecho de que los directores se empeñen en redactar los libretos o los guiones. Pueden ser diestros para verter al idioma cinematográfico un texto determinado, pero no necesariamente la condición de realizador, de compaginador y de dar vida al celuloide los hace literatos. Los errores se hacen demasiado evidentes en esta película. Inclusive las bondades parciales del film – paisaje, color y ciertas imágenes de una belleza plástica indudable- hacen, por contraste, más ostensibles los defectos apuntados. Se sufre y se siente un cierto desasosiego –que la gente llama “vergüenza ajena”- ante esa voz monótona, dura y sin expresión alguna de la actriz deshaciendo con obstinación el lirismo de las vistas del mar, de las nubes y de los campos.

Natalia” es un film falsamente refinado y pretendidamente “sofisticado”. Revela la indigestión sufrida por el director de algunas figuras de la pantalla universal que él, con razón plena, admira: Fellini, Resnais, Lelouch. Yo también creo que copiarlos no es ningún delito. Pero si se copia sin apoderarse del espíritu no se hace otra cosa que caer en el “pasticcio”, es decir, en la simple parodia, en la glosa o caricatura de Fellini.

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Vengamos a los refilones de las escenas oníricas y del subconsciente. No están claras y no parecen justificadas plenamente. Este detalle no tendría mayor importancia ni conspiraría contra los méritos de la cinta si no aparecieran como violentamente intercaladas, demasiado metidas a la fuerza, sino revelaran aquella nota de “sofisticación” a que ya he aludido.

No hablemos de lógica en el desarrollo de los hechos. El cine universal de hoy nos da innumerables ejemplos de films incomprensibles e incongruentes para que le hagamos el mismo reproche a Felipe Irarrázaval. Pero tal vez había sido deseable que en “Natalia” el simbolismo de la carretera, de la pareja de mujeres que se disputan un libro de poemas de Neruda y el de la mujer que avanza por los corredores al aire libre nos hubieran proporcionado alguna clave de comprensión. El público no suele decir nada, porque a nadie le gusta revelar su ignorancia, pero nadie sabe la razón de esas puertas en la carretera, ni tampoco la querella del libro.

Las escenas de la playa son francamente bellísimas, sobre todo bien tomadas, pero un poco largas. El color incrementa su belleza y demuestra que potencialmente en Chile hay materia para hacer buen cine. Yo creo, aun cuando no gusto de dar consejos a los cineastas, que una película más sencilla, de tema más simple y modesto y con una actriz más capaz habría podido resultar mucho mejor. Incluso con las reminiscencias de otros directores y aún no los desaciertos en que raramente incurre la cámara – los enfoques de la secretaria de don Juan en primer plano, y otro primer plano del pecho desnudo del dicho don Juan en el hotelucho de Matanzas. Las tomas de Orellana son muy bellas; más bellas que cinematográficas.

M.

“Natalia”. Una producción chilena en color. Dirigida po Felipe Irarrázaval. Interpretada por Inés Oviedo y José Guixé. Producción emelco. Censura: mayores de 18 años. Cines: Central, Oriente.-

Articulo publicado originalmente en
El Mercurio, 23 de junio de 1970.
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