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“El Chacal”, de Miguel Littin. Una cruda estampa de la realidad.-
Por M.
Publicado en EL Mercurio, 5 de mayo de 1970.

El hecho de sangre sobre el cual levanta su estructura de duras y espantosas realidades el film de Miguel Littin pudo haber sido en otro tiempo la historia de uno de los viejos romances de feria, o uno de esos carteles creados por algún pintor ingenuo, o algún pliego de cordel. Véase si no el comienzo del guión: “... infancia, andar, regeneración y muerte de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, quien se hace llamar también José del Carmen Valenzuela Torres, Jorge Sandoval Espinoza, Jorge Castillo Torres, alias el Campano, el Canaca, el Trucha, el Chacal de Nahueltoro”.

Ese guión está basado en informaciones de prensa de la época sobre el crimen y en documentación derivada del proceso. Los hechos son evocados rehaciendo la realidad de los sucesos históricos y se explican con las declaraciones del propio “Chacal” (Nelson Villagra) en voz sobrepuesta.

Al pronto, hay tendencia a señalar un asunto de esta índole como sensacionalista y más afecto a la crónica roja, alimento de las masas tan aficionadas a los hechos de sangre. Cuando supe hace tiempo del intento de Littin sentí nacer dentro de mí un atisbo de protesta: “un pecaminoso asunto taquillero” -me dije. Al ver la película he modificado mi criterio. “El chacal de Nahueltoro” ha sido gestado en un movimiento, generoso, inteligente, de protesta; un intento irritado, de señalar una situación, una lacra social; el deseo de llevar a la pantalla un “testimonio dolido de algo que verdaderamente existía”, según declaraciones del propio Littin. Subrayo el adjetivo dolido para demostrar la intención del propósito. Littin se compromete con la realidad social y hace de ella, aprovechando un episodio que está ahí y que es de todos los días y de ocurrencia en las zonas más desposeídas, una crónica filmada. Pero ha sido guiado por el amor.

Claro es que la simple narración de los hechos habría dado en todo caso una obra de cine documental, lo que no sería poco, pero no lo suficiente. Creo que el director no se propuso tal cosa. “Su Chacal” es cine puro basado en un lancinante acontecimiento. Al decir “puro” no insinúo siquiera que sea cine en el que predomine el elemento formal -las formas artísticas- sobre lo expresivo. Tampoco niego que esa proyección estética esté ausente. Es obvio que la buena impresión que la película produce proviene de que un contenido áspero encuentra su forma adecuada. De ahí se deriva su autenticidad, su poder de persuasión. La indagación expresiva por el asunto es a veces más deseable que hacer válida la obra por el lado formal. Pienso en las secuencias que corresponden a la primera parte del film, sobre todo la del niño José , la de la cantina, la de la fonda, en el 18 de Septiembre, con ese bailoteo absurdo que remeda una cueca con los temblores del alcohol y la miseria, tan patente en los harapos del “chacal” y en los rostros fatigados de las mujeres.

Tal vez el conjunto todo de la historia lamentable del Canaca no constituye la reconstitución auténtica de una vida enfrentada a un sistema social que en su caso se coliga -fríamente, de modo indeliberado- para que desemboque en el patíbulo. “El chacal de Nahueltoro” es un drama de miseria, alcohol y de esa subcultura popular que domina en lo que un estadista llamó, no refiriéndose precisamente a Chile, los “burgos podridos”, o lo que Oscar Lewis ha designado “antropología de la pobreza” en los países subdesarrollados.

Acaso alguien piense que no haya sido muy marcado, no marcado en forma no adecuada, el proceso que lleva a Jorge del Carmen Valenzuela a realizar su espantoso crimen. Pero en la denuncia de Littin no creo que entrara el deseo de enternecernos por la suerte del campesino llamado, por mal nombre, el Canaca o el Chacal, sino el mantener fríamente al espectador ante esa realidad. El propio director lo ha dicho en un debate en torno al film: “La película está estructurada de un modo que crea un distanciamiento emocional”. Le interesaba -sobre todo- racionalizar el hecho.

Alguien verá en el enfoque y en el clima de la película cierta similitud con el neorrealismo, fórmula que sacó al cine italiano de su postración después de la última guerra. La semejanza es remota. Este film pertenece a un mundo más sombrío y más atroz.

Los tipos, extraídos del mismo lugar de los hechos, son una maravilla de verismo. La llegada de los campesinos que llevan a Nahueltoro los cadaveres sobrecogen en el silencio y en las expresiones de taciturnidad de los campesinos. El ritmo, es decir la periodicidad de los distintos acontecimientos según la ansiedad que estos mismos acontecimientos producen en el espectador, hace que el interés no decaiga. Sin embargo, debe decirse. “El chacal de Nahueltoro” no es una película grata. La notable interpretación en la que destaca sobremanera el trabajo de Villagra contribuye aún más a sumar a su valioso lenguaje cinematográfico unos lampos de realidad.

 M.


Ficha técnica: Producción: Cinematográfica Tercer Mundo.- Guión y dirección: Miguel Littin. Cámara: Héctor Ríos.- Montaje: Pedro Chaskel.- Música: Sergio Ortega. Sonido: Sergio di Lauro. Intérpretes principales: Shenda Román, Nelson Villagra, Rubén Sotoconil, Héctor Noguera, Marcelo Romo, Lucho Alarcón.


Censura: Mayores de 18 años.- Cines: Astor, Bandera, Santiago, Pedro de Valdivia, Gran Avenida, Normandie.

Articulo publicado originalmente en
EL Mercurio, 5 de mayo de 1970.
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