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Nelson Villagra: Hay que romper la pseudo realidad, nuestro cine nace de lo verdadero
Por Ramiro Sepúlveda
Publicado en El Siglo, Santiago, 4 de mayo de 1970.

El Chacal de Nahueltoro” refleja un conflicto real y por eso molesta a quienes quieren presentar un Chile de tarjeta postal a los chilenos.

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-El cine chileno y más que eso, el artista, el creador, tiene el deber de usar su derecho de crítico, social. Sólo así conseguiremos contrarrestar los efectos del imperialismo intelectual que desde hace muchos años nos correo. Se nos ha impuesto una pseudo realidad, intentan llenarnos de héroes solitarios cuando lo que más necesitamos es la lucha unitaria y colectiva para dejar atrás la miseria.

A medida que habla, Nelson Villagra, el “canaca” de la película “El Chacal de Nahueltoro”, se va transformando. El maquillaje le va cubriendo la cara y habitual vestimenta es reemplazada por ropa de campesino. En unos minutos más debe salir al escenario del Antonio Varas donde se representa la obra social de Isidora Aguirre, “Los que van quedando en el camino”.

-Como actor no hago distingos entre el teatro o el cine. Creo que es lo mismo con la salvedad que en el primero se hace todo de una vez y en el otro durante días, semanas o meses, continúa Villagra. “El Canaca” responde a un personaje nacional. A través de él me siento interpretando un comportamiento que puede reconocerse como nuestro, tanto en su aspecto interior como en su mundo interno. Este hecho refleja la importancia de “El Chacal” como película. Es el intento de hacer un reencuentro con la realidad chilena y desterrar a esos entes convencionales impuestos por la cultura dominante. No se trata de “dorarles la píldora” a los chilenos, como hasta aquí se ha hecho, presentando a campesinos de tarjeta postal con chamantos, copihues y todas esas cosas.

Para la mejor representación de su personajes, Villagra tomó contacto con campesinos que conocían a Jorge del Carmen Valenzuela, el homicida analfabeto de Nahueltoro. También vivió y departió con los presos de la Cárcel de Chillán donde Valenzuela se transformó posteriormente en un hombre civilizado y finalmente fue ejecutado. Dice el actor:

siglo4_04051970.jpg-El canaca fue individuo desclasado. Podría decirse que perteneció a un tipo de lumpen agrario similar al que habita en los suburbios de la gran ciudad. El campesino propiamente tal no tiene sus características. A Valenzuela correspondería encasillarlo más con “el afuerino”, que ronda por los predios agrícolas y hace trabajos ocasionales de diversa índole, Miguel Littin, el director, logró junto al equipo de los que trabajamos en el film presentar esa realidad compleja, sin mistificaciones. Los campesinos lo entendieron así en algún grado y otro tanto sucedió con los reclusos.

Por efectos de la filmación, Nelson Villagra concurrió durante un mes y medio por casi la mayor parte del día al presidio chillanejo. Allí pudo palpar la miseria de nuestras cárceles, pese a que el establecimiento mencionado es uno de los mejores de nuestro país.

-Es increíble, afirma el protagonista de “El Chacal de Nahueltoro”, el hacinamiento de los presidios chilenos. Siempre hay muchos más internos que los permitidos por la capacidad de las locales. Pero ese es un problema menor. No encontré con hechos que jamás imaginé que sucedieran en realidad.

-El porcentaje más elevado de los presos corresponde a aquellos que se robaron una gallina, un pavo o cosas de muy escaso valor, generalmente para subsistir.

-Cuando llegamos a la cárcel, la población penal mostró mucho recelo e inquietud. Querían saber de qué se trataba la película y en una oportunidad uno de los reclusos me lo preguntó casi en forma agresiva. Cuando les explicamos de qué se trataba pudimos entendernos mejor, nos prestaron colaboración con mucho más interés y algunos me tomaron mucha simpatía y permanecíamos conversando durante horas. La mayoría de ellos son de zonas rurales y están allí por cuestiones como las que señalaba anteriormente. Lo peor de todo es la tramitación a que son sometidos y la existencia de abogados inescrupulosos que les cobran por trámites que luego no realizan jamás. Puedo decir con toda honestidad que en Chile no existe una justicia verdadera, sino una justicia sometida a clases sociales e intereses económicos.

Villagra se desenvuelve con facilidad en el lenguaje conceptual. Tiene claro lo que quiere y hacia dónde va. Cuando le hablamos de un artículo aparecido en la revista MARCHA de Uruguay, donde se le señala como el mejor actor entre aquellos que participaron en el Festival del Cine Latinoamericano, realizado no hace mucho en Viña del Mar, nos responde:

-Para mí el mejor actor fue el cubano Sergio Corrieri. Me gustó muchísimo su trabajo. NO es de ese tipo de actores que trabajan para sí, para servirse del arte. Al igual que todo el cine cubano, producto con seguridad de la realidad en que se desarrolla, da la impresión de trabajar por algo más trascendente que el simple lucimiento personal. Esto se opone naturalmente a la fabricación de estrellas que se hace en Hollywood y a toda la falsedad y suciedad que ello representa.

-El mérito de “El Chacal” es estar en esta línea, en esta misma posición y agregando a ello el valor de haberse hecho en nuestro país donde aún la revolución no ha llegado.

Villagra ya ha terminado de maquillarse. Se pone un sombrero alón que le convierte definitivamente en un campesino. Sin embargo sus palabras desmienten las caracterización, sigue hablando con tranquilidad y meditando cada cosa.

-”El Chacal” presenta una narración nueva en nuestro cine. Creo que una de las cosas importantes de anotar es precisamente el que, en la película, Littin supo emplear de manera adecuada este vehículo de comunicación con la masa. Creo que será un film eminentemente popular, no hay en él juegos esteticistas ni complicaciones innecesarias y por ello es fácilmente entendible. Cuando la proyectamos por primera vez ante un público heterogéneo nos dio la impresión de asistir a otra película. Sus reacciones de risa y llanto nos sorprendieron y asimismo nos dieron la seguridad de una recepción popular clara.

Nos queda poco tiempo. Pasamos a otra sala de los camarines del teatro. El actor sigue hablando y tal vez mentalmente busca una frase que redondee y reafirme los conceptos que ha emitido y nuevamente volvemos a lo general.

-Si, la primera responsabilidad que tiene el cine, el teatro y en general los trabajadores del arte, es echar por tierra esta pseudo realidad que nos han impuesto. Esto trae como consecuencia el que se está generando un cine latinoamericano que ha nacido de la misma realidad y parte de él es nuestra película “El Chacal”.

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Articulo publicado originalmente en
El Siglo, Santiago, 4 de mayo de 1970.
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