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Hernán Garrido: la lucha contra el medio
Por Máximo Humpert
Publicado en Revista Punto Final, Santiago, Martes 9 de diciembre de 1969.

HERNAN Garrido Lagos, un hombre modesto y emprendedor. El se define como un autodidacta. Es el único chileno que ha logrado, enteramente solo y sin medios materiales, realizar una película de largometraje, con contenido social y que además viene repletando las salas donde se exhibe, superando largamente a la costosa superproducción de Germán Becker, “Volver”. Garrido lleva veintitrés años mirando la realidad chilena a través de una cámara filmadora. Comenzó en Chile Film y en los Estudios Santa Elena como reflectorista y cañista.

En noviembre de 1963, Hernán Garrido ingresó a Canal Nueve de la Universidad de Chile como jefe de camarógrafos del Departamento de Prensa, cargo que ocupe hasta hoy. Recuerda que las dos noticias que más le han impactado en su vida periodística fueron el terremoto de Valdivia y un entierro simbólico de pescadores desaparecidos en el mar, en Talcahuano. Garrido piensa que esta última nota es la mejor que ha hecho en su vida. Recuerda un tanto emocionado el impacto que le produjo ese cortejo silencioso… esas urnas vacías… ese cementerio sin muertos…

Hernán Garrido es el director, productor, guionista, camarógrafo y libretista de la película “Prontuario”, basada en la vida del quíntuple homicida René Cerón Pardo. La cinta fue íntegramente filmada con una cámara de mano de 16 milímetros. Durante tres años, Garrido no tuvo ni un solo día de descanso. En los ratos que le dejaba libre su labor en Canal Nueve, en las noches y en las madrugadas, trabajó duramente, ayudado por sus compañeros de trabajo. Filmó en la calle, en el Mapocho y, la mayor parte, en el interior de la Penitenciaría de Santiago. Sus artistas son anónimos o los propios protagonistas del drama social que relata. Ignacio Scarpizzo y el Loco Pepe son las concesiones para la taquilla. René Cerón Pardo actúa con sentimiento, trata de entregar lo que realmente siente, y su vida aparece entremezclada con la del submundo que le vio nacer, crecer, delinquir…

Garrido dice que Cerón Pardo confió en él absolutamente y por eso entregó todo lo que estaba a su alcance. Esa confianza, según el director, nació de la poca diferencia entre ellos… “Yo, mi físico, mi manera de ser –analiza Garrido- son los del hombre común chileno”. Los reos en general colaboraron en las filmaciones porque todo el equipo que acompañó a Garrido es de una sencillez absoluta…

El costo total de la película “Prontuario”, fuera del enorme trabajo de Hernán Garrido, fue de noventa mil escudos, que ya han sido recuperados con creces por la aceptación que ha tenido en el público.

Garrido logra, con sus escasos medios, con limitados elementos, hincar el diente en todo ese submundo, típico de los países subdesarrollados. Ese submundo marginal, violento, duro, sangriento. Su cámara baja al lecho del Mapocho y convive con los “pelusas” que recién comienzan a transitar por el camino del delito con pequeños raterías… Muestra la ley del hampa en que el más fuerte, el más “choro” es el que vence. Su cámara sigue a un hombre que fue niño del Mapocho hasta llegar a la Cárcel a la Penitenciaría, condenado por homicidio. Muestra ese otro submundo penal, escuelas del delito. Grita en la cara a quien quiera oírle que nadie que entre a una cárcel chilena tiene la más remota posibilidad de rehabilitación.

Pero Hernán Garrido no está conforme con sus resultados. El quiso hacer una película de denuncia. Lo logró. Pero él cree, y tiene bastante razón, que se diluyó un poco. “Tuve un poco de miedo, -confiesa Garrido- miedo de lanzarme en picada contra los verdaderos culpables… Había arriesgado tres años de sueldos, de mi duro trabajo… y debía recuperar algo. Creo que no he sentado una tesis cinematográfica con mi película, creo que me quedé un poco en el camino, presionado por el medio, censurado por el medio…”.

Chile vive una contradicción evidente, en el cine como en cualquier aspecto cultural. El arte es caro. Para decir algo, de cualquier forma, hay que invertir capitales. Luego, para recuperar los gastos, esa creación debe convertirse en un producto comercial, sometido a las presiones e imposiciones del medio. Hay que pasar por el cedazo de la Censura oficial; por la censura política (caso Caliche Sangriento); por la censura de los distribuidores; por la censura de los dueños de salas exhibidoras. Tampoco hay apoyo oficial para hacer cine denuncia. Garrido se queja de que a él no le habrían dado ni un céntimo en el Banco del Estado para financiar su film, mientras, a Germán Becker, para filmar un mal show comercial, para mostrar una vida irreal y color de rosa, le dieron centenares de millones de préstamos.

Pero Garrido a pesar de su sincera confesión de miedo, de algo de transigencia ante el medio, piensa seguir adelante. Sus planes inmediatos son invertir las ganancias de “Prontuario” en materiales y equipos para seguir filmando.

Articulo publicado originalmente en
Revista Punto Final, Santiago, Martes 9 de diciembre de 1969.
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