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Largo Viaje hacia el cine chileno
Por J. H.
Publicado en Revista Punto Final, Santiago, Última quincena de agosto de 1967.

CON el estreno de la película de Patricio Kaulen, “LARGO VIAJE”, (producción Chile Films, distribución Continental), se afirma el discreto pero efectivo “boom” del cine chileno. Con sus aportes y defecciones, sus avances ideológicos y sus silencios de ideología.

El cine chileno está insertado en la misma época y lugar del proceso general del arte y la cultura latinoamericana (y de su historia política), y no puede ser desprendido del contexto. Los premios obtenidos en los más rigurosos (y exclusivistas) festivales europeos por “EL PAGADOR DE PROMESAS” (Anselmo Duarte, Brasil”, “ALIAS GARDELITO” (Lautaro Murúa, Argentina), “DAR LA CARA” (José Martínez Suáres, Arg.), etc., demuestran el surgimiento de un potente y “jugado” cine latinoamericano, audaz y combativo en su temática, a pesar de censuras y gobiernos fascistas. “LARGO VIAJE”, en su primer día de exhibición en once salas de Santiago, produjo Eº 65.000 de recaudación bruta. Promediando la entrada de 2 y 3 escudos (con el estreno de este film también se estrenó un alza en el precio de las localidades), podemos calcular las concurrencia en unos 25.000 espectadores en ese primer día, lo cual es un suceso, aun considerando que fue distribuida comercialmente a toda orquesta.

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LOS TECNICOS

La realización técnica del film de Kaulen es de primer orden: fotografía impecable bajo la responsabilidad de Andrés Martorell y la cámara de Enrique Fillipelli, un montaje dúctil, el tiempo de relato compacto, una continuidad difícil y bien solucionada a pesar de ciertas precariedades del guión. Pero la música de Tomás Lefever se bifurca de la imagen como en un diálogo de sordos. Es una regla de oro tácita e inviolable en el cine, que el director es responsable absoluto de las fallas, dado que es él quien discierne y decide. Kaulen erró en la elección de algunos actores profesionales. Debió ahondar en la audacia y en los hallazgos que tuvo con los “amateurs”. Con engolamiento radioteatral y del viejo mal cine, desfilan Emilio Gaete, Fabio Zerpa (inmóvil como una caja fuerte), Andrés Rojas Murphy, etc. Quizás es Eliana Vidal la que rescata a su gremio. Porque Kaulen demuestra que sabe dirigir actores al arriesgarse con los no-profesionales: Rubén Ubeira (el padre, una máscara extraña y rica, una fotogenia destinada a un buen cine chileno), Julio Tapia (el abuelo, rondín de Chile Films, completamente sordo), Boris Alvarado (El Cojo) y el niño Enrique Kaulen, entre muchos. Que con un niño de señuelo se puede hacer un hermoso film lo probó Lamorisse en “El Globo Rojo”. Aquí no sucede porque el tema, si bien roza el candor, no siempre conquista honduras, poesía verdadera.

FALSA VISION

Definido en términos teatrales, circula entre la comedia de costumbres y el sainete, pero sin la grandeza que se puede alcanzar en estos géneros. Los personajes surgen enunciativos, lineales. Con cada ambiente que va viendo el niño se pueden hacer otros tanto films, más indagativos y densos. Hay secuencias muy bien tratadas, como el velorio del “angelito” y su degeneración en una burda francachela, pero hay otras tocadas fugazmente, como crónica rápida, sin interioridad. En general reina un deseo de mostrar algunos personajes y lugares de Santiago; por segundos aparecen algunos conflictos (el montaje en La Vega donde el rico carga los pollos en el baúl de su coche). Hay una falsa visión cristiana de ciertas cosas: la miseria no crea como norma seres buenos, sino que deforma, envilece.

VISION VERDADERA

Las prostitutas no son tan generosas, la vida no las educó para serlo. Generalmente caen en la abyección, la confidencia policial. Los “caffiches” no tienen tantos miramientos, los adolescentes misérrimos y ladrones bordean la homosexualidad, en fin, la vida no es tan dulce y simpática. Decía Brecht que “aunque sólo sea para que exista el amor hace falta una revolución”. La simpatía en arte suele deformar la visión auténtica, se convierte en caridad, y la caridad es sórdida, tanto como la realidad que se nieva ver.

Articulo publicado originalmente en
Revista Punto Final, Santiago, Última quincena de agosto de 1967.
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