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Crítica de cine: "Caliche Sangriento"
Por Critilo
Publicado en El Mercurio, Santiago, 31 de octubre de 1969.

Por fin se estrenó este film el cual había sido precedido por algunos incidentes debidos a la censura y a objeciones de índole extra artística. Es este un asunto que no quisiera ni me corresponde tocar. Debo decir, sin embargo, que lo exhibido por la película no sólo no es objetable, sino que, en general, no atenta contra ningún principio. Innumerables cintas extranjeras plantean casos más vidriosos y polémicos. Inclusive en una advertencia de los créditos se anuncia que vamos a ver la “posible” gesta de un grupo de 17 soldados incrustado en los episodios de la guerra del 79. Es decir, pudo ser, pudo no ser. La historia está dentro de lo conjetural.

Lo que se ve claro en la intención de Helvio Soto es su propósito pacifista. Frente a los rigores reglamentarios del capitán que comanda el destacamento trashumante – rigores explicables en el mundo castrense y hasta necesarios – están las objeciones de conciencia del teniente García, cuyo espíritu civilista y cuyo humanismo chocan en dos ocasiones con el criterio de su superior. Se advierte la tensión espiritual existente entre ellos. Yo creo que las ideas de García son las del director; y que muchas personas piensan lo mismo. En ningún caso en el film se ponen en duda el coraje y el ánimo esforzado de las tropas chilenas.

Pero lo que tenemos que plantear aquí es la calidad del lenguaje cinematográfico. En el fondo lo que realmente cuenta es lo que va a ser considerado en los mercados extranjeros y lo que va a acreditar o perjudicar a nuestra cinematografía.

En un balance perentorio y dejando para otra ocasión un análisis más minucioso y meditado, debo decir que “Caliche Sangriento” deja una impresión favorable. Es película dirigida con decoro, con inteligencia y conocimiento del propósito que se trazó su realizador. Hablo en general. En una visión de conjunto y teniendo en cuenta la escala de valores nacionales – aun cuando me parece que esto no le puede gustar a Helvio Soto – el concepto que de la película formemos tiene que ser, si no excelente, sí positivo. Desde mi punto de vista esto es importante: una buena cinematografía está hecha de muchos films decorosos, no exclusivamente de obras maestras.

Dentro de esa mirada panorámica hay partes excelentes y partes mediocres. En lo excelente está la recreación de los tipos. Con un realismo entrañable, con una verdad que se impone, no hay esfuerzo en comprender que así debieron de ser los soldados de aquel ejército esforzado. En el mismo grado de excelencia está la recreación del imperio del ambiente – el desierto con su sed y su inhóspita grandeza – sobre la gesta. Otro buen momento del brío cinematográfico, de agilidad en el manejo de la cámara, es el del castigo que el capitán aplica al minero. Tal vez el relato de la larga marcha de la patrulla por la gran extensión arenosa y árida resulte un poco monótona, pero Soto quiebra esa uniformidad impuesta por el escenario con incidentes humanos y con la diversidad de planos y el juego de una cámara ágil, segura.

El incidente de los peruanos muertos es, en cambio, poco convincente y la preparación del ataque a la posición cuya conquista va a entregar sólo unos cadáveres es inhábil.

La mayor parte del film está constituida por la marcha de la patrulla del 5° Regimiento por el desierto. La llegada a un oasis, la conquista de un mensajero y el encuentro final con el grupo de peruanos que sorprende con engaño a los chilenos aniquilándolos, constituyen el nervio principal de la película. Las secuencias del oasis están bien realizadas y vienen a ser buen cine.

El resto, a mí entender, es un añadido que nada agrega. Esta parte postrera en el pueblo abandonado, con la caza y persecución entre los dos enemigos enloquecidos por la guerra, parece más bien un estrambote que un episodio que los hechos justifiquen. Estas secuencias en ese villorrio de pesadilla parecen constituir un pretexto que Helvio Soto toma para realizar su tendencia a un arte cinematográfico hecho de estilización y formalista más que motivado por el desarrollo de los hechos. Uno se pregunta: ¿Por qué razón el teniente García y su compañero herido no tomaron las precauciones debidas pata evitar que el oficial demente les disparara, teniendo en cuenta no sólo que estaban en el frente de batalla, sino que llevaban consigo documentos de guerra tomados al enemigo que podían ser decisivos en la contienda?

Una vez más queda demostrado que los libretos utilizados por nuestros cineastas son deficientes y adolecen de graves defectos.

El film se termina con un alarde preciosista bien logrado. La muerte del teniente García en la playa con esas imágenes repetidas desde distintos ángulos y en una secuencia de tiempos que podríamos llamar sincopados y que se van superponiendo no son originales. Se han visto muchas veces, inclusive en un corto sobre la corrida de toros. Pero no importa. Está bien hecha y la mano del teniente García recortada sobre el azul, con su dedo inquisitivo, es un buen hallazgo y una espléndida imagen que demuestra que Helvio Soto es un hombre de sensibilidad.

El equipo de intérpretes está muy bien. H. Duvauchelle acusa resabios escénicos, pero el resto aplica una técnica de actuación cinematográfica.

“Caliche sangriento”.- Dirigida por Helvio Soto.- Producción nacional de Icla Films.- Intérpretes: Héctor Duvauchelle, Jaime Vadell, Jorge Guerra, Jorge Yáñez, Jorge Lillo, Patricia Guzman.- Eastmancolor.- Mayores de 18 años.- Cines: Central, Real, Bandera, Florida, Nilo, California, Oriente, etc.-

Articulo publicado originalmente en
El Mercurio, Santiago, 31 de octubre de 1969.
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