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Cine: Tres Tristes Tigres
Por Revista Ercilla
Publicado en Revista Ercilla, Santiago, 27 de noviembre de 1968

Nelson Villagra, Shenda Román, Jaime Vadell. Director: Raúl Ruiz.Chile, 1968.

EL ESPECTADOR se enfrenta con los personajes sin que nadie le explique sus antecedentes. Los va conociendo en forma paulatina, no porque le digan que Rudi o Tito son así o asá, por tales o cuales motivos, sino por sus acciones, reacciones y el ambiente que los rodea.

Se sentirá desconcertado quien busca un cine lineal, en que cada escena autoexplique y enhebre con la siguiente, aportando un claro grano a un argumento igualmente claro. El efecto de los “Tigres” es acumulativo: va cobrando vida todo un ambiente y, paralelamente, adquieren sentido e individualidad los personajes. El “argumento” en el plano tradicional existe, pero está implícito y sugerido en forma elíptica.

En contenido, esta película se ubica en un polo diagonalmente opuesto a “Ayúdame usted, compadre”. Frente al optimismo latente en el film de Germán Becker, los “Tigres” de Raúl Ruiz presentan un Santiago lúgubre, donde la vida carece de mayor sentido y la gente lleva una existencia con mucho de absurdo.

Trampean los de arriba y los de abajo, nadie tiene un trabajo que le brinde una realización personal: las únicas compensaciones se hallan en el buen comer y beber. Hasta hay algo-aunque por cierto mejor planteado-del tema de “Morir un Poco”, de Covacevich. Estos seres también “mueren un poco más cada día”. Hay un estallido de rebelión, un no va más, en la paliza que Tito le propina a Rudi, pero no se sugiere que sea una solución o nueva actitud; simplemente adquiere un cariz de paréntesis y desahogo. Luego volverá a vivirse lo de siempre.

Los méritos de la película de Ruiz (apenas se conservam vestigios de la obra teatral de Sieveking) están en una cuidada estructura cinematográfica y en una cámara inquieta, movediza, giratoria (Diego Bonacina) que escudriña caras y lugares en forma penetrante.

Además hay una agudísima captación de tipos y ambientes, hasta ahora sin precedente en nuestro cine. El restaurante donde cenan tres personas en estado tristón al lado de una eufórica mesa de parroquianos que cantan y están con ganas de celebrar; luego el inevitable choque entre los dos estados de ánimo. O la escena de bar en que se comienza a discutir de política y de pronto cae un puñete ( propinado por el sociólogo Ricardo Miranda) sin mayor motivo. O las escenas de cabaret y los propios personajes: Rudi, el jovencito bien, que se dedica a vagos negocios de venta de automóviles y debe el arriendo de su departamento, y Tito, su mozo de confianza. El provinciano que viene a darse unos días en la capital, y Amanda, entre striptisera y prostituta. Son personajes perfectamente captados a través de sus andanzas y reaciones, sin necesidad de explicar quiénes son y de dónde provienen.

Los intérpretes son, en su mayoría, actores de teatro, pero Ruiz consiguió evitar el sabor a escenario que tantas veces se produce cuando éstos se trasladan al cine, que exige otra modalidad y estilo. Nelson Villagra -como ya se vio en su breve papel de “Regreso al Silencio”- tiene grandes posibilidades en la pantalla. Además hubo buenos trabajos de Jaime Vadell, Shenda Román, Luis Alarcón y en una serie de papeles menores, mientras la música (Tomás Lefever) estuvo bien integrada con la acción.

La película, por cierto, tiene limitaciones, pero pasan a segundo plano frente a sus logros. Entre las películas chilenas estrenadas este año,  “Tres Tristes Tigres” se destaca nítidamente por ser un film de creación personal, con una muy seria búsqueda de lenguaje cinematográfico, más un tema y ambientes prácticamente inéditos. Desgraciadamente-aunque era dable esperarlo-no obtuvo la acogida de público que merecía. Los espectadores prefieren verse a sí mismos y a su realidad en forma más idealizada y es posible que no estén aún preparados para seguir un estilo de narración como el empleado en esta oportunidad. Pero Ruiz supo explorar un Santiago inedito en nuestro cine y, aún más, poco explorado en nuestra literatura. Es, sin duda, la más importante de las películas chilenas del año.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Santiago, 27 de noviembre de 1968
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