ARCHIVOS
Estrenos: Lunes 1.º Domingo 7
Por Joaquín Olalla
Publicado en P.E.C., Santiago, 4 de octubre de 1968.

Film de HELVIO SOTO con Patricia Guzmán, Jorge Guerra, Lucy Salgado, Matilde Broders. Producción: Protel, Chile, 1968. Distribución: C.C.N

Cines: Central, Huelén, Oriente, Portugal y San Martín.

Mayores de 14 años.

· Logros dentro de sus metas

Se trata del primer largometraje propiamente dicho de Helvio Soto, que desde 1964 a la fecha había realizado cinco cortos. Su paso del corto al largo ha significado no sólo  un cambio de modalidad, sino de actidud frente al cine. Ha dejado de lado una temática político-revolucionario-etc., y parece haber entendido que las revoluciones se hacen con metralleta y fusil, y no con celuloide y cámara. Al margen del logro relativo de “Lunes 1.o Domingo 7”, una incursión por el terreno de la comedia ligera, quien más beneficiario queda con el cambio, es la actual producción chilena, cuya situación es delicada. Se trata de un embrión que comineza a vivir, y por lo cual es indispensable que cada film aporte algo, marque un camino, es decir, que resulten experiencias útiles, justificado el haberlos realizado. Es decir, se está en una situación, en que cualquier disparo al aire, cualquier trozo de celuloide echado a perder, es altamente peligroso: atenta contra la vida del embrión.

En este sentido, el film de Soto-en ningún caso una obra lograda ciento por ciento-cumple, al menos el requisito mínimo de ser un film propiamente tal: es decir, no es celuloide ensuciado. En primer término, se trata de una comedia liviana, género que hasta la fecha nunca se había cultivado y sólo se había hecho ohabacanería. Como comedia, se ajusta a ciertas reglas de juego. En la precaria situación del cine nacional, esto es algo.

Su asunto es una historia de amor entre  estudiantes, estructurada en una línea muy simple, desde el nacimiento del amor hasta un conflicto que se soluciona en un “happy end”. Los eventos son pequeñas anécdotas ajustadas en el conjunto, y con una unidad bastante lograda. Los personajes son esquemáticos, lineales, sin contradicciones, pero directos y claros. De allí su eficacia. Idéntico es el carácter de las situaciones dentro de las que se mueven. En ello reside el mayor mérito del guión, pese a la sencillez e incluso excesiva simplicidad de los eventos. Además, el diálogo es proporcionado, está al servicio de la historia ( y no viceversa) e idiomáticamente no abusa del “localismo”, pero es suficiente como elemento de matiz de los personajes.

En el plano de la realización (puesta en imágenes) el problema es mayor; obligan a llegar al “quid” del asunto. Es decir, hay que preguntarse directamente si hay que preguntarse directamente si hay cine y hasta qué punto la historia está narrada  en términos estrictos de lenguaje cinematográfico. Este punto es básico y no puede obviarse alegando una funcionalidad. Y he aquí los puntos objetables del film y de su realizador, que demuestra tener aún un largo camino que recorrer. Su realización es ilustrativa y, por consecuencia, indiferente ante la historia; la trasmite-es funcional-pero nada aporta, o muy poco. Aparte de ello, como ilustració es elemental. Salvo algunos hallazgos, impide toda posibiidad de elaborar un estilo o de aproximarse a él. Valga citar como ejemplo la secuencia de la boite, en lo que respecta a su ambientaci{on: si no fuera porque bailan, no sabríamos que es una  boite; es un ambiente “poetizo”. Y no es un simple problema de lenguaje. O sea, un problema que no se resolvió cinematográficamente. Pero por encima de ello hay prolijidad, cosa que no existe en “Tierra Quemada”, por ejemplo. Hay control-dictado por la funcionalidad-y a la vez confianza en la imagen que no existen en “Regreso al Silencio”, y que lo demuestra la secuencia del parque.

O sea, el significado de la historia se desprende únicamente de la anécdota, ya que la “puesta en imágenes”, por su indiferencia-salvo en contados momentos- impide que el film supere el mero “anecdotismo” y que despegue poéticamente. Además, impide que diferente ante la historia; la transmite-es funcional-pero nada aporta, o muy poco. Aparte de ello, como ilustración es elemental Salvo algunos hallazgos, impide toda posibilidad de elaborar un estilo o de aproximarse a él. Valga citar como ejemplo la secuenia de la boite, en lo que respecta a su ambientación: si no fuera porque bailan, no sabríamos que es una boite; es un ambiente “postizo”. Y no es un simple problema de ambientación: es un problema de lenguaje. O sea, un problema que no se resolvió cinematográficamente. Pero por encima de ello hay prolijidad, cosa que no existe en “Tierra Quemada”, por ejemplo.

Hay control-dictado por la funconalidad-y a la vez confianza en la imagen, que no existen en “Regreso al Silencio”, y que lo demuestra la secuencia del parque.

O sea, el significado de la historia de desprende únicamente de la anécdota, ya que la “puesta en imágenes”, por su indiferencia-salvo en contados momentos-impide que el film supere el mero “anecdotismo” y que despegue poéticamente. Además impide que pueda situarse a la historia, por usual que sea, es un contento mayor que no sea la intrascendencia de un anecdotario. En suma, impide que el fil tome algún partido-adquiere algún significado- a excepeción de entregar la historia.

Y no conviene olvidar que la comedia cinematográfica entre los americanos y, en general, posee un marcado acento crítico.

Entre los logros del film cabe contar las actuaciones: directas, libres, sin rebuscamientos ni estridencias de ninguna clase. Es un hecho difícil de hallar en el cine chileno. Tratándose de cine de humor sólo ha existido una chabacanería de la peor especie. Patricia Guzmán prueba ser una excelente comediante y su elección para el papel desmuestra que a las actrices hay que buscarlas no en los concursos de belleza, sino en su fuente natural: el teatro. Lo mismo puede apuntarse respecto de Jorge Guerra, aún cuando su tendencia a “ hacer payadas” ( abusando de una simpatía transmisible por el celuloide) sea notoria. Mérito de Soto es haber logrado estas actuaciones, único punto mayor de su “puesta en imágenes”.

Logro importante es la banda sonora, si bien técnicamente no es perfecta. Hay prolijidad en el doblaje, y tratamiento de música y ruidos, que en ningún caso son meros rellenos. Merece igualmente  mencionarse al decorador Raúl Aliaga, cuyo trabajo, si bien mínimo, resulta ejemplar dentro de lo que últimamente se ha visto en films nacionales.

Párrafo especial merece la Dirección de Fotografía de Fernando Bellet ( único chileno egresado del I.D.H.E.C., Instituto de Altos Estudios Cinematográficos, Francia), cuyo aporte-junto a las actuaciones-es lo mejor del film.

Articulo publicado originalmente en
P.E.C., Santiago, 4 de octubre de 1968.
Película relacionada
80 min.
Persona relacionada
21 de febrero de 1930
Santiago, Chile
Buscador Archivos
Por término, año o publicación
Archivos más leídos
foto
El Ferrocarril, Santiago, Miércoles 20 de febrero de 1895, p. 2.
foto
El Ferrocarril, Miércoles 26 de agosto de 1896, p. 2.
foto
La Patria, Iquique, 21 de mayo de 1897, p.3.
foto
El Nacional, Iquique, 30 de mayo de 1897, p.3.