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New Love (La revelación de las flores)
Por Joaquín Olalla
Publicado en P.E.C., Santiago, 6 de septiembre de 1968.

Film en Eastmancolor de ALVARO J. COVACEVICH con Giovanni Carelli, Josefina Guevara. Producción: Sud Americana Films, Chile 1968. Distribución: Continental.

Cines Rex, Imperio, Windsor, Plaza, California, Las Condes, Normandie, Alessandri, Gran Avenida.

Mayores de 21 años.

· Un pequeño paso al frente

Al concluir nuestra nota sobre “Morir un poco”-PEC 220, 17 de marzo de 1967-escribimos: Dentro del embrionario estado de nuestra cinematografía, Covacevich, por las serias limitaciones de su film, y al incursionar por terrenos comúnmente ignorados por otros, asume una responsabilidad muy concreta. Responsabilidad que ha de generar una actitud consciente de revisión de su film, tendiendo a una indispensable madurez de su oficio. Concretamente, la superación de cierta actitud frívola y poco reflexiva, tanto frente a la realidad como al lenguaje utilizado para expresarla.

Objetamos, a “Morir un poco”, dos hechos fundamentales que a nuestro entender invalidaban el film y que aparecían como las dos caras de un mismo problema: ausencia de una definición conceptual frente al lenguaje cinematográfico y que traía como consecuencia el arrojar por tierra la mejor de las intenciones. Desde dicho punto de vista, objetamos el “exotismo de la miseria” en lugar de una verdadera denuncia, lo cual surgía del empleo de la cámara como mero instrumento de registro de la realidad. En consecuencia aparecía “ una sospechosa concepción antropológica”, ( contraste entre lo bello y lo feo, ricos y pobres) debida a una falla del control de los componentes del film, de una estructura propiamente dicha. “Morir un poco” presentaba un plano de funcionalidad que por su primitivismo formal, devenía en un juego de contrastes ineficaz y ambiguo.

“New love”-dentro de esta óptica- es el film que permite aproximarse a una ubicación de Covacevich en el cine y, principalmente, en el contexto de la actual producción chilena de cine. (Preferimos esta denominación por responder más a una realidad que el peligrosamente mitificante y poco real uso de la expresión cine nacional chileno).

New love” es en todo caso un film insignificante, aunque no por ello deja de evidenciar un progreso de Covacevich. Progreso que genera los dos aspectos básicos que permiten hablar de “un cineasta”. ( Así, entre cornillas, muy menor, pero cineasta). El primero de estos aspectos reside en detectar la presencia de cine, es decir, la capacidad, por limitada que sea, de crear una realidad con el cine. Por ello responden las partes logradas del film. El segundo de estos aspectos es la presencia de una cierta intencionalidad ante dicha realidad fílmica. Ambos aspectos no existían en “Morir un poco”, y por la causa anteriormente señalada: el efectismo primario y poco relativo. No quiere decirse que se haya superado totalmente, pero puede registrarse un avance.

El primero de los aspectos de este “paso al frente” genera lo más logrado del film pese a su tono decorativista: la pareja, su relación con el grupo y éste como conjunto de individuos; asímismo, el avagabundaje que les asemeja a gitanos. Las secuencias del café, la noche en la playa, el amanecer, la marcha hacia la capilla, es lo mejor del film. Pero es necesario situar realidades y verdad.

De hecho, estas secuencias delatan una “imaginería” propia de cierto periodismo moderno, y la imitación-o mala influencia- de un Lelouch, ha tenido de su parte. Pero lo interesante, junto con verificar el hecho, es que haya sido resuelto con medios cinematográficos, por primarios que sean.

Por útimo, copiar, por así decirlo, sea a Lelouch o a los reportajes gráficos tipo “Time” o “Life”, implica una habilidad. Que sea discutible como valor, es verdad, pero de hecho es real. En la práctica, es el soporte del film, al existir un atisbo de lenguaje cinematográfico.

De la intencionalidad de Covacevich frente al tema que se propone tratar salta a la vista la mordacidad: en mordaz frente a los viejos o, en general, frente a todo lo que se opone al mundo de sus “hippies”. Esta mordacidad da un tono al film, aunque sea un apunte o aunque atente contra el significa último que se quiso entregar Pero en este plano-de las intenciones- yendo más adentro, es donde el film tiene sus puntos bajos, y que terminan por invalidarlo como una verdadera obra cinematográfica. Si Covacevich tiene una “mano de cineasta”, carece en cambio de la capacidad de estructurar como cineasta, de inventar una verdadera estructura cinematográfica. En otros términos, se re-editan algunos de los defectos de “Morir un poco”.

El film funciona, como hemos indicado, en base a la presentación del grupo y de la pareja y de sus relaciones mutuas. (De paso un buen aprovechamiento de los intérpretes). Pero los “hippies” son más bien un concepto sociológico. En manos de Covacevich funcionan en la medida que responden a una observación del comportamiento de los adolescentes.

Ello le confiere una dimensión antropológica, resintiendo el significado o visión de tipo social. Es decir, los adolescentes “juegan como niños”-edad de transición-con los problemas que deberán enfrentar como adultos. Su rebeldía no pasa de ser un juego, aunque como tal sea aunténtico.

Por ello, dicha rebeldía desaparece cuando llega la responsabilidad concreta: un hijo. Entonces, ambos, cubiertos por un montón de paja-esa suerte de nido-crean su propia tumba-de paso, el único atisbo de un verdadero símbolo cinematográfico-o sea una suerte de suicidio por miedo de vivir. La rebeldía queda reducida a una serie de frases, pero no llegará a la acción excepto al quemar documentos. El film se niega a sí mismo: hay contradicción al no marcar la diferencia entre una rebelión juguete de adolescentes, y una rebelión madura. El protagonista llora por el miedo que le produce tener que vivir como hombre, comportarse como tal, y rebelarse como tal.

La resolución de la banda sonora refleja igualmente esta falta de programación. Sin embargo, hay aciertos  por sobre los defectos técnicos, que en estricto rigor resultan profesionalmente inaceptables. Así, por ejemplo, es un acierto la “captación del hablar de los adolescentes chilenos”.

Párrafo aparte merece la dirección de fotografía de Andrés Martorell, que a fin de cuentas es quien mejor librado sale de la empresa, al revindicar su prestigio luego de su  desastrosa participación en “Tierra quemada”. Su trabajo tiene un aceptable nivel aunque sea más empírico que científico, al manejar el color. Ciertas fórmulas que conoce bien, le han funcionado, y obtiene una prolijidad artesanal que en última instancia es el mejor soporte del film. Además, Martorell demuestra tener una buena cualidad: la ductibilidad. En su fotografía “ se siente” la mano del realizador, quien le ha formulado ciertas exigencias-el tono “decorativo” del film- y que logra mostras eficazmente, sin utilizar “clichés”.

Articulo publicado originalmente en
P.E.C., Santiago, 6 de septiembre de 1968.
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