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¡Ayúdeme Ud. Compadre! de Germán Becker
Por H. Balic M.
Publicado en La Unión, Valparaíso, 27 de octubre de 1968.

CUESTA CONFORMARSE

Por tercera vez en lo que va corrido del año debemos apelar a la calificación “mala” para enjuiciar una película chilena. Tres cintas estrenadas y las tres deplorables: TIERRA QUEMADA, NEW LOVE y ahora ¡AYUDEME USTED COMPADRE!

Cuesta conformarse.

GERMAN BECKER ha desaprovechado recursos económicos, posibilidades técnicas, perspectivas. El paso de su exitoso show de televisión (no cabe duda que el asunto marchaba mucho mejor en la pantalla chica), al cine es un desastre, que no hay por dónde tomarlo.

Cuesta conformarse.

Querer hacer un cine de diversión no constituye ningún pecado. Al contrario ¿Quién lo duda? Pero hay que aclarar las cosas. Hacer películas para el gran público, hacer cine-diversión, hacer cine-espectáculo, hacer pop-cinema es muy distinto a revolver en la olla del mal gusto y ofrecer en los patos pucheros y viandas purgantes.

Cuesta conformarse.

Creíamos, lo confesamos, que ¡AYUDEME USTED COMPADRE! Podría haber sido el primer eslabón de un cine musical “a la chilena”. Ilusos, pensamos en alguna versión subdesarrollada, tímida, modesta, criolla, folklórica, pero versión al fin, de las grandes comedias musicales. Se hablaba de canciones, coreografías, escenografía cuidadosamente construida, trajes antiguos, música, cantantes, etc. E, inevitablemente, dejábamos volar la imaginación: MINNELLI, DONEN, RICHARD QUINE. Pero el despertar fue amargo.

Si en ¡AYUDEME USTED COMPADRE! hubiera tan sólo un minuto inspirado por esos grandes maestros de la música; si hubiera tan sólo un movimiento de cámara que nos hiciera recordar por un breve fracción de segundo algo de GIGI, SIETE NOVIAS PARA SITE HERMANOS o MI HERMANA ELENE, tendríamos que haber batido las palmas y haber echado las campanas al vuelo. Pero nada. Nada. Ni aquí ni allá. Ni en la primera imagen, ni en la última. Ni en la del medio. Nada, siempre lo pedestre, por todas partes, insistentemente.

Cuesta conformarse.

El Chile de ¡AYUDEME USTED COMPADRE! no es el Chile nuestro. Y no puede serlo. Todo es sofisticado, acartonado, envasado, almibarado, encarpetado, plastificado, adornado. Lo romántico resulta cursi, lo cómico falso, lo nostálgico pueril, lo histórico, cómico y lo “acaballado” casi femenino ¡Menjunje increíble! Da la impresión de que si a alguien en la película se le ocurriera exclamar ¡mierda! Todo se iría a las pailas. Las estructuras no resistirían.

Cuesta conformarse. Uno podría decir que la fotografía de ANDRES MARTORELL tiene algunos aciertos, que la mayoría de las canciones son agradables de oír (¿por qué se insiste en PEDRO MESSONE y en cambio a la excepcional GLORIA SIMONETTI y a la súper simpática FRESIA SOTO apenas se las hace aparecer?) y que una que otra idea del primario guión tiene cierta chispa. Pero ¿qué se sacaría? Todo el resto de la película está inundado por un tan desolador espíritu de alta chabacanería que arrasa con cualquier asomo de dignidad o de decoro.

Cuesta conformarse.

¿Qué es el cine? Es la pregunta más inútil que uno puede hacerse ante las imágenes de ¡AYUDEME USTED COMPADRE! Nada tiene que ver esta oscura incursión de GERMAN BECKER por el celuloide con el llamado séptimo arte. Y, sin embargo, hay que hacerse la pregunta cada vez que una película chilena de quinta categoría se estrena. Y la pregunta se torna frecuente. ¿Cuándo será el día en que muchos filmes nacionales, por el propio valor de sus imágenes, contesten y digan: ¡esto es el cine!?

Mientras tanto, hay que esperar. ¡Y vaya que cuesta conformarse con la espera! MALA.

Articulo publicado originalmente en
La Unión, Valparaíso, 27 de octubre de 1968.
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