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Crítica de cine: "Ayúdeme Ud. Compadre" (Las extravagancias del despilfarro)
Por Carlos Ossa
Publicado en El Siglo, Santiago, 20 de octubre de 1968.

Germán Becker a lo largo de su vida ha incursionado en diversos tipos de espectáculos desde la conducción de barras en los llamados clásicos universitarios hasta montaje de obras teatrales. En todos los casos ha mostrado un gusto desafiante por la espectacularidad, las exterioridades ramplonas y las situaciones que no trascienden más allá del simple lugar común.

siglo3_20101968.jpgCuando se decidió a crear programas para la televisión se pudo advertir que sus habituales vicios se veían amplificados y que apelaba, de preferencia, al más recalcitrante chovinismo para inquietar a su auditorio.

Los programas televisivos Ayúdeme usted compadre se caracterizaron por su encuadre calamitoso, por el aprovechamiento baladí de las escenografías y por su falta de ritmo no sólo en el trabajo de cámara, sino que en toda la estructura de los espacios.

Se podía colegir entonces, que no era dable esperar nada bueno de su realización cinematográfica, basada fundamentalmente, en esos programas de la TV. Sin embargo, se pensaba que al menos seguiría ciertas leyes de la narración fílmica y se atendría a una dinámica interior más o menos compatible con el cine.

La sorpresa, en ese sentido ha sido casi escandalosa. No sólo se limitó a filmar sucesivos cuadros – sin mayor hilación ni continuidad – sino que hizo tabla rasa de los más elementales principios de la cinematografía.

El resultado, en consecuencia, no puede ser más desolador. Desde comienzo a fin, la película es una acumulación de canciones, de bailes, folklóricos, de fantasías de toda clase, de situaciones cuya elemantabilidad es indescriptible. Baste señalar la secuencia en que Miriam canta en una escuelita una composición (de Neruda y Bianchi) sobre José Miguel Carrera y disfraza a un alumno de húsar, para luego  colocarle bajo sus ojos algunas lágrimas absolutamente fingidas.

No menos penosa es la visión que tiene Becker de Chile. Es la visión de un hombre ahíto que eructa indefectiblemente, en las sobremesas. De otra manera no se explica su concepción estridente y falsamente patriota con que llena. La banda sonora, que en algunos casos ahoga hasta la propia imagen. Ahí se puede escuchar – a toda orquesta y coros – la marcha Brasas a ceñir, la canción que popularizaron los Cuatro Cuartos. Los viejos estandartes y, en otra secuencia, una marcha militar referente a la Fuerza Aérea, y que interpreta la colérica Fresta Soto. Todas estas marchas y canciones están ilustradas por imágenes que apelan al más barato chovinismo, al más delicuescente y manido redoble de tambores. La ingenuidad de algunos espectadores desde luego, será el mejor caldo de cultivo para estas inepcias. Sin embargo, se puede pensar que Becker ha creido que este es un país de infradotados de aficionados al cine que no tienen capacidad de discriminación, incapaces de asimilar las grandes realizaciones del arte cinematográfico. De otra manera no puede explicarse que no haya sentido el más mínimo rubor en presentar este film cuyo contenido debió ser una bien ¿…? Bodega.

Porque no es posible ¿…? Que Becker se haya confundido y que imaginara que el cine es eso que él ha hecho. Sería creer que su ignorancia en estos temas sobrepasa todo límite. Aunque Gerardo de Nerval decía con toda propiedad que “la ignorancia no se aprende”.

Porque Becker ha estimado que cualquier circunstancia, cualquier pretexto es bueno para hacer un film; sin embargo, no se dio cuenta de que no siempre una acumulación de cuadros, de película impresionada, hacen una película. Y esto no es una cuestión de matices. Se trata simple y llanamente, de una cuestión de arte, de talento, de inspiración y, lo que es más, de tener algo que decir o comunicar.

Becker fuera de su ampulosidad de su sentido elefantiástico del espectáculo, no tiene ninguna otra vinculación con el arte. Y esta no es la primera vez que lo demuestra.

Además, aprovecha extensamente su bodrio para confirmar su lealtad al actual régimen, recurriendo a canciones de la campaña freista, a alusiones a los centros de madres o a las cooperativas campesinas. No puede extrañar que así sea, pues el film (¿) en una buena parte fue financiado por el Gobierno y urilizó variados servicios públicos en el transcurso de la filmación, llegando al increíble de haber reproducido en los sets de Chile Films un parte de las graderías del Estadio Nacional.

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TANTO DINERO gastado para nada. Hasta los cadetes fueron utilizados en el bodrio.

No puede hablarse de actuación con referencia al extenso elenco que utiliza. Algunos artistas apenas si aparecen en el campo de la imagen aportando sólo sus voces. Y esto porque Becker piensa que la acumulación, que el gran despliegue es lo más fundamental para crear un efecto de sortilegio en el espectador. Pero, ya se sabe, los mastodontes nunca fueron muy sutiles y su extinción fue un regalo de la naturaleza.

Pero o que es más inaceptable en este caso es que se haya invertido tanta cantidad de dinero para nada, o mejor dicho, para desprestigiar a tan alto costo al magro cine nacional.

Porque cualquier espectador extranjero que viera Ayúdeme Ud. compadre, sería invadido por dos sentimientos, contradictorios, la risa y la piedad. Y es también lo que puede motivar en muchos aficionados de nuestro país.

Lo demás está al margen del cine, es comercio, autobombo, excentricidad de nuevo rico, caricatura organizada, falsedad a toda orquesta y a toda propaganda.

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FRESIA Soto intepreta la marcha militar referente a la Fuerza Aérea.

Articulo publicado originalmente en
El Siglo, Santiago, 20 de octubre de 1968.
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