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Festival de Cine en Viña
Por Yolanda Montecinos
Publicado en Zig-Zag, Santiago, 22 de febrero de 1963.

El Cine Club de Viña del Mar organizó su primer Festival de Cine Aficionado, entre en 7 y el 12 de febrero. El evento se desarrolló con total regularidad y ante un público que aun cuando no lograra medir la auténtica trascendencia de esta iniciativa, ni el esfuerzo ni entusiasmo que ella implica, disfrutó con una muestra en líneas generales, buena.

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Cine Club de Viña del Mar.- Nació en el mes de octubre de 1962, presidido por el pediatra y conocido cineasta Aldo Francia, y cuenta en la actualidad con más de 200 socios activos. Forma parte del Departamento Audiovisual universitario y está adscrito a la Sociedad Científica Fonk, con sede en el Palacio Rioja, y sus finalidades primitivas eran también las de servir de complemento científico de esta entidad. Lógicamente, el festival recién ofrecido, prueba que sus socios y directores poseen energía y aspiraciones que rebasan tales ámbitos.

La divisa fundamental del Cine Club de Viña es “hacer cine”. Con este fin se integran equipos, con los socios y alumnos de la Academia de Cine que funciona diariamente con un completo equipo de profesores y se filma en forma experimental, siempre en 8 y 16, y por lo general en color. Las clases tienen una marcada tendencia a la práctica, único medio, a juicio de los directores de formar una especie de universidad del cine que prepare técnicos en cada uno de los aspectos de la producción cinematográfica, capaces de dominar realmente el lenguaje del Séptimo Arte.

El Festival mismo y planes futuros.- Aníbal del Real, director del Cine Club de Viña y Presidente del Festival, explicó que se persigue con él conocerse, entrar en contacto y además brindar una oportunidad de llegar hasta el público y palpar sus reacciones con el estímulo que ello supone. La Ilustre Municipalidad de la Ciudad Jardín materializó su apoyo en la facilitación del Teatro Municipal durante el desarrollo del torneo (seis días en la mañana y el miércoles 13 a las 18 horas, con la exhibición de los films premiados) y en el Gran Premio consistente en un Paos de Oro, deidad pascuense que equivale al dios Jano.

Se presentaron 64 películas y de ellas fue posible exhibir sólo 32. Dos de las programadas no pudieron ser programadas y se reemplazaron por dos fuera de concurso. Actúo como orador Klaus May, profesor de cámara en la Academia de Cine y director del Cine Club de Viña del Mar, con estudios en estas materias en Alemania. El equipo técnico del mismo club puso el sonido a la casi totalidad de las cintas presentadas, y de este rubro se hizo cargo Peter Krisam durante todo el torneo. Figuras habituales de las presentaciones diarias fueron los cinco miembros del jurado, los viñamarinos Gabriela Castro, por la Ilustre Municipalidad y el Director de la escuela de Periodismo, Claudio Solar. Los santiaguinos Hans Ehrmann, por los Críticos de Cine, Kerre Oñate de la Cineteca, y Joaquín Olalla de Cine Experimental, a los que la Ilustre Municipalidad hospedó en el Hotel O´Higgins.

Era posible concursar con películas de 8 y 16 mm. de argumentos familiares y de fantasía, categoría esta última que no contó con ningún exponente. Se instituyeron, además, otros premios donados por particulares como Maurice Evans. Casa Forestier, Casa Pellerano, “El Mercurio” y “La Unión” de Valparaíso y la Sociedad Fonk. Se mantuvo en Festival en un ámbito nacional con miras a extenderlo en 1963 a otros países, hasta llegar a asociar, con los debidos méritos, al Club de Viña del Mar con la UNICA, entidad que agrupa a los cine clubes de todo el mundo. Es evidente que los socios de este organismo artístico viñamarino demuestran a través de su continuada labor de difusión del Séptimo Arte, en foros, conferencias y en la filmación continuada de cortometraje, una idea clara de la importancia que tienen en estos momentos, en un país en el que no existe una verdadera cinematografía nacional, o por lo menos, en el que la continuidad de dicho arte se ha visto interrumpida. De los buenos cine clubes de Francia, de Inglaterra y de los Estados Unidos han salido los innovadores del cine en 35 mm. de todos los tiempos.

Aldo Francia y Juan Pérez.- Una de las características más interesantes de este Festival fue la coincidencia de dos talentos, tan diversos como los citados Aldo Francia, un intelectual que ha llegado a un dominio considerable del lenguaje cinematográfico a través de larga elaboración y proceso de enriquecimiento, busca como centro de interés la composición, los enfoques personales, un formalismo depurado y a veces agobiante en cuanto se hace externo y frío. Dominada la herramienta mecánica, poseedor de verdadero oficio de hombre de cine, en un sentido integral, ha llegado a construirse un estilo personal que mucho debe, a las artes plásticas, en especial a expresionistas y a Breughel. El virtuosismo de Aldo Francia llega a su máxima y más positiva expresión en “Lluvia”, que muestra París en invierno, con un desfile pleno de sugerencias del Barrio Latino un jardín de paraguas y tenidas de lluvia. En “Niños”, mantiene su línea de composición de color y forma y revela además un fino humor y un especial tratamiento de los niños, característica que consigue mejor efecto aun en el excelente film de argumento en 16 mm. “El Rapto”. París obsesiona a este cineasta y lo muestra en otoño en diferentes etapas: “Pescadores de domingo”, “Bajo los puentes desde Notre Dame”, con las ricas tonalidades doradas que son obsesivas en sus films. Este mismo mundo subjetivo y vital aparece en “Vendimia”, filmada en Italia, y aun en el excelente documental de rico interés folklórico “Andacollo”, en 8 mm., con música de las mismas festividades y derroche de detalles de composición, color y significado, esta vez, con acabada cualidad de síntesis.

Juan Pérez es su interesante antagonista. Primitivo, no por posición adquirida, sino por su lógico desarrollo de “self made man” del cine al que llegó bajo su propio impulso y guía. Donde Francia es cosmopolita y universal, Pérez es criollista, simple, y vuelve su vista hacia los humildes, los campesinos, los trabajadores de la tierra, sin afanes reivindicatorios, sino exclusivamente como quien busca motivos cinematográficos y toma lo que le está más próximo y lo que ama y comprende más. Donde Aldo Francia es elaborado y virtuoso en su formalismo, Pérez es directo, sencillo, casi rústico, y sin embargo ambos convencen y ambos llegan a configurar su personal estilo. Juan Pérez no es un director con absoluto dominio de la técnica y sus incontables recursos; es más, no posee un equipo completo. Sin embargo, Juan Pérez ha llegado a manejar los medios a su alcance con verdadera maestría. En su hermoso film argumental “Navidad de los Niños Pobres” llega a mostrar grandes condiciones en el uso de actores espontáneos y sabe provocar sin excesos emoción en el público. Su fórmula es sencilla, trabaja con un guión claro, esquemático y compagina al mismo tiempo de filmar. No pensemos en “repentismo” en el caso de este esforzado e interesante cineasta nacido en Talagante y radicado en Peñaflor, como electricista. Quien ve su film de argumento “Cantarito de greda de Peñaflor”, en homenaje a Nicanor Molinare o “Frutillas de mi Tierra”, entre otros, puede confirmar que su vitalidad, simplismo y tesón lo tipifican como uno de los más hombres de cine producidos en nuestro medio.

Los premios.- El Gran Premio a la mejor Película del Festival fue concedido al documental en 8 mm. y color de Aldo Francia, “Lluvia”. El jurado fundamentó su fallo aludiendo a la calidad poética del film y al considerable dominio de la riqueza del lenguaje cinematográfico. Esta calidad complementada con un alto nivel técnico de realización le hizo merecedor además del Paoa de Oro, a los premios de mejor fotografía, mejor color y mejor montaje.

Cantarito de greda de Peñaflor” y “Frutillas de mi Tierra”, documentales de Juan Pérez en 8 y 16 mm., respectivamente, merecieron el primer premio en su especialidad, por la nitidez, honestidad y sencillez en su lenguaje, expresadas a través de una retórica fundada en elementos auténticamente populares.

Navidad de los niños pobres”, de Juan Pérez, recibió el premio al mejor film argumental en 8 mm. por su comunicación emotiva expresada a través de imágenes y su mensaje de humanidad, junto con la calidad en la dirección de los actores.

Rapto”, de Aldo Francia, recibió el premio al mejor film argumental en 16 mm., por su originalidad, que consigue crear una remembranza de comedias del cine mudo norteamericano. El color desempeña importante papel y se señala también la buena dirección de los niños.

Andacollo”, de Aldo Francia, recibió el premio al mejor documental en 8 mm. en contenido folklórico, por sus cualidades de síntesis, por la justeza de música y sonidos grabados directamente en el lugar de la acción, sumados  a un enfoque objetivo y científico.  

“Viña del Mar” fue considerado el mejor film turístico, porque su director, el joven porteño Jorge Garrao, revela ya un principio de interpretación personal. El jurado dejó constancia que las cintas de esta categoría tuvieron un nivel muy inferior a otros grupos presentados al Festival. Se declaró desierto el premio al mejor guión por considerar este aspecto como el más descuidado, ya que, en general, los films mostrados carecen de construcción y les falta unidad, continuidad y desenlace.

Se establecieron, además, dos menciones especiales. Una para Juan Pérez, por la autenticidad de su temática, su amor a la tierra y la habilidad para sacar partido cinematográfico de ellos. Una segunda mención especial se hizo para la película “Un día de calor”, de Maurice Evans, por el excelente trabajo del equipo que participó en su filmación y realización: el director Evans, los actores Carmen Cerlini y Hernán Faure, el compositor Hernán Tobar y todo un grupo de elementos de Cine Club. Este hecho augura un brillante futuro a esta entidad viñamarina. 

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Articulo publicado originalmente en
Zig-Zag, Santiago, 22 de febrero de 1963.
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