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Ecran Estrenos: "Regreso al silencio"
Por Yolanda Montecinos
Publicado en Revista Ecran, Santiago, Nº1879, 7 de febrero de 1967.

ecran3_1879_07021967.jpgChilena. Productora: Chilencine. Distribuidores: Alo Films y “Compañía cinematográfica Nacional". Escrita y dirigida por Naum Kramarenco. Director de fotografía: Andrea Martorell. Música: Tito Ledermann. Montaje: Carlos Piaggio. Sonido: Jorge Di Lauro. Escenografía: Héctor del Campo. Maquillaje: Emilio Sabaj. Asistente de dirección y de producción: Adolfo Silva. Estudios: Chile Films. Laboratorio: Gama. Blanco y Negro. Censura: mayores de 14  años. Intérpretes: Humberto Duvauchelle, Orietta Escámez, Héctor Duvauchelle y Nelson Villagra, Peggy Cordero, Enrique Heine, Eliana Vidal, Roberto Parada, Mercedes Moral, Los Harmonlc’s. Salas de estreno: Central, Oriente, El Golf, California, Macul, Santiago.

La característica más importante del film "Regreso al Silencio” es un progreso, en relación con las últimas y esporádicas producciones chilenas ("El Burócrata González", "Más Allá de Pipilco", "Un Chileno en España"), y con las anteriores del propio Kramarenco, esto es "Tres Miradas a la Calle" y "Deja que los Perros Ladrón". Conduce esta afirmación el mayor oficio y naturalidad conseguidos con buena parte de loa factores conjugados en el film.  La calidad de la fotografía imprime un acusado sello profesional a este nuevo aporte al aún débil cine chileno. La intención manifiesta de llegar a todo tipo de público apoya una impresión general discreta, en tanto consigue mantener el interés y la curiosidad en buena parte de su desarrollo.

Kramarenco, hombre hecho a la realidad y limitaciones locales, muestra aquí innegables consonancias con el idioma del cine narrativo contemporáneo. Sabe barajar sutilezas, trabajar con encuadres correctos e incluso extraer de éstos fuerza y sugerencias. Aprovecha con habilidad los escenarios de interiores (casa del Puerto), y, en líneas generales, agiliza la sintaxis del film. El montaje se aleja de lo conocido hasta ahora en nuestro medio y si bien es cierto incurre en algunas fallas menores, sabe mantenerse en el límite preciso de la película para todo espectador, sin dejarse llevar por fáciles o espectaculares escarceos virtuosísticos.

Esta actitud de Kramarenco le mantiene en la onda de los realizadores de hoy y sitúa su esfuerzo, en este caso, en el campo de la buena película comercial. Interesa señalar que esta evolución corresponde a la trayectoria personal de un director consciente de las posibilidades del cine chileno, de su necesidad de conquistarse un público y al mismo tiempo de cumplir esta misión con  altura, sin concesiones excesivas.

Limita los objetivos del realizador el guión de muy mediocres posibilidades. De ahí que la historia de los hermanos que se buscan en medio de una extraña intriga policial no siempre logre un ritmo de interés progresivo. La primera parte del film con la presentación de los personajes, se alarga en detalles inútiles y del mismo tenor resultan otros episodios interpolados, como el encuentro con Isabel (Peggy Cordero). La historia misma es contada al público de viva voz, como en las obras teatrales balbucientes. Las imágenes cumplen sólo un papel de comentar e ilustrar situaciones. De ahí que la acción, en un film de acción, apenas si se hace presente. Si el director hubiese conseguido ofrecer, en lugar de ella, la presentación de una acción tácita, a base de creación de atmósfera o de una acusada matización psicológica, "Regreso al Silencio" habría pasado da su condición de película aceptable a un interesante acierto nacional.

Buena parte del equipo de actores no soporta bien el traslado del teatro al cine, y, por curiosa circunstancia o reacción, acentúan su teatralidad. En un papel menor, Eliana Vidal lo hace por la senda de un melodramatismo fuera de lugar; en papeles centrales, Héctor Duvauchelle desconcierta al conferir a su extraño y mal dibujado personaje acentos de desgarramiento interior. Los diálogos entre ambos hermanos, rebuscados en cuanto a las expresiones, son una prueba fehaciente de este "teatralismo" presente en el guión. Orietta Escámez, en otro personaje mal dibujado en el libro, no consigue la naturalidad, fluidez de movimientos ni la caracterización exterior de una "hostess". Peggy Cordero y Enrique Heine en apariciones breves prueban excelente materia prima para el séptimo arte. Humberto Duvauchelle, como protagonista logra, en considerable medida, adaptarse al nuevo medio y con ello proporciona otro de los puntales al film mismo.

Nelson Vlllegra consigue, con un serio trabajo da actor profesional y el aprovechamiento óptimo de sus expresiones por las cámaras, convertirse en la revelación de la película. El personaje, como la casi totalidad del film, carece de lógica, da médula misma; pero la personalidad del artista lo reviste de autoridad e incluso del misterio que en algunos casos llevó a esperar otros rumbos en el desarrollo de la historia. El final, puesto por su personaje, impresiona, aunque con él queden muchos cabos sueltos, en especial el interrogante de por qué la fortuna de los contrabandistas queda en sus manos.

EN RESUMEN: El tercer film de Kramarenco, dirigido a todo tipo de espectadores, interesa e inquieta. Está realizado con honestidad e incuestionable esfuerzo. Un guión débil, aciertos en materia de lenguaje cinematográfico, actuación irregular, diálogo débil y otras son fallas que se equilibran con pequeñas pero interesantes conquistas, consiguiendo un efecto general de dignidad en la perspectiva del cine nacional. MAS QUE REGULAR.

Yolanda Monteemos.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, Santiago, Nº1879, 7 de febrero de 1967.
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