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"Morir un poco", film chileno a Berlín
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, Santiago, Nº1838, 26 de abril de 1966.

“TODOS los días, el hombre sale a la calle a morir un poco, en vez de salir a vivir. De la casa al trabajo, del trabajo a la casa. Y una vez al año, a la playa. Todos los días, la presión de las cosas, de los objetos: vea, vea, vea...; compre, compre, compre; vaya, vaya... ¡Y eso está tan lejos, cada día más lejos! Al hombre, que va muriendo de a poco, sólo le queda una fútil rebelión."

La conciencia de que esta era la realidad de miles y miles de seres que caminan por las calles con sus rostros anónimos, la sensación de angustia y necesidad de denuncia, transformaron a Alvaro Covacevic de arquitecto paisajista (profesor de Jardines de la Universidad de Chile) en director cinematográfico. ¿Qué bagaje tenía para hacer cine? Responde simplemente :

—Una manera diferente de mirar las cosas; de ver los volúmenes y la luz; de constatar el contrapunto mundo-hombre. Y ese contrapunto es cada vez más cruel: el mundo va creando un ideal de belleza, un ideal de vida cada vez más inaccesi­ble  al hombre común.

Ese convencimiento y un cortometraje sobre una expedición al Amazonas eran su respaldo cinematográfico.

Buscó a Oscar Gómez, director desde hace años del Noticiarlo Emelco. Lo entusiasmó para que se hiciera cargo de la parte técnica; consiguió cámaras, algunos tachos de iluminación y se lanzó a "vivir...", más que un poco, su aventura cinematográfica. El suyo es un tipo de cine sorprendente: en el film no hay diálogos y sólo la música acentúa la soledad del hombre que sale a morir y la "insensibilidad de nosotros que pisamos cientos de cadáveres todos los días antes de acogernos a nuestro confort". La realización, por lo que cuenta Covacevlc. se sigue en las líneas del "cine-verdad".

—Tomamos los lugares de filmación por asalto. Buscábamos el sitio propicio, luego esperábamos que la luz fuera apropiada; ¿los personajes? Las mismas personas sin rostros que pueblan el mundo cotidiano.

La elección del protagonista fue característica. Estaban en Cartagena, para filmar algunas tomas. De pronto... a la bajada del tren, ¡el hombre! Luis Olivos era obrero y hacia su paseo anual a Cartagena. Su vida era similar a la de ese hombre que "moría un  poco".

Alvaro Covacevic no ha querido exhibir su película en Chile. ¿Pudor? ¿Desconfianza? No lo confiesa. Sólo asegura que no hay en ella la más mínima intención política. Pero en Argentina, donde la llevó para el proceso de laboratorio, la vio el Dr. Bauer, director del Festival de Berlín.

Fue la única película de las vistas por Bauer en Buenos Aires (incluyendo las del cine argentino 1966) que recibió invitación para participar en el festival, que se inicia el 24 de junio.

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Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, Santiago, Nº1838, 26 de abril de 1966.
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