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El futuro de Pascua
Por D.R.
Publicado en El Diario Ilustrado, Santiago, 3 de julio de 1950.

La Isla de Pascua ha pasado al primer plano de la actualidad, a raíz de la exhibición de una película que recoge los aspectos más interesantes de la lejana posesión, tanto en lo histórico como en lo arqueológico, en los paisajes naturales como en las costumbres y cultura de los isleños.

En los numerosos comentarios vertidos en torno al tema apasionante, se ha dicho más de una vez que la isla ha sido desatendida por nuestro país, que la situación de los insulares es atrasada y que con mayor atención del Gobierno, la isla estaría ya transformada en un territorio próspero y feliz.

Hay mucha injusticia en tales apreciaciones. Los que así hablan ignoran los esfuerzos gastados por nuestros marinos, por las misiones religiosas, por nuestros médicos, que desafiando los peligros de la fatídica lepra y las difíciles condiciones en que se vivía en Rapa Nui, fueron a morar junto a los isleños, a llevarles la educación, la religión cristiana, una civilización nueva, que les ha permitido ascender en todos los aspectos de la vida.

Entre los marinos, basta citar al capitán Policarpo Toro, que tomó posesión de la isla en tiempos de Balmaceda, y fue su primer Gobernador, y al capitán Germán Reed, Gobernador también de Pascua y autor de la más completa e interesante historia de la legendaria posesión. Al referirnos a las misiones religiosas, debemos mencionar en primer lugar a Monseñor Rafael Edwards, bajo cuya dirección se avanzó efectivamente en la formación moral y religiosa de los insulares, en su educación  y su conversión en súbditos de un Estado moderno. Hermanas religiosas atienden el Leprosario, levantado por Beneficencia y por los Amigos de Pascua. El padre Engelbert es el jefe espiritual de la Isla y el más fervoroso apóstol de la modernización de su agricultura y aprovechamiento de sus recursos, como también del progreso en todo orden, de los habitantes.

Sería injusto desconocer los esfuerzos hechos en bien de los pascuenses. Si no hubiera sido por la acción allí desplegada, la lepra en pocos meses habría arrasado por la población insular. Pero eso no quiere decir que debamos conformarnos con lo realizado. Muy por el contrario, el interés nacional que se ha promovido en torno de la isla es el punto de partida para una acción conjunta del Gobierno, la Iglesia, los Amigos de Pascua, las Universidades Católicas y de Chile y todos los que anhelan realmente el crecimiento del país y mejor vida para sus hijos para iniciar una acción definitiva, que debe culminar con la total extirpación de la utilización intensiva de los suelos pascuenses para cultivos tropicales la dotación de agua potable a los centros principales de la población, la concesión de derechos ciudadanos a los isleños y su libertad para entrar a su patria, Chile continental.

No queremos entrar a considerar los méritos o defectos de la película. Ella ha tenido la virtud de promover polémicas y poner en el primer plano de la atención todos los problemas vinculados a la isla que sus pobladores llamaron El Ombligo del Mundo. Hay que capitalizar este interés y hacerlo rendir óptimos frutos en bien de la plena utilización de Rapa Nui en la agricultura tropical, ya que su producción en café, azúcar, plátanos, piñas, etc…puede librarnos de muchas importaciones; en turismo pues la isla donde no hay invierno, está llamada a ejercer enorme atracción en chilenos y extranjeros; en los estudios científicos, por el enorme interés de esa raza polinésica, que vivió por muchas centurias en el mayor aislamiento; por el atractivo de sus monumentos y reliquias arqueológicas, vestigios de una de las civilizaciones más antiguas del planeta y por muchos otros motivos entre los cuales no hay que olvidar el significado estratégico.

Si extenso y misterioso es el pasado de Pascua, no menos grande y fabuloso es su futuro, ahora que no hay distancias y que la isla, con los métodos modernos de cultivos, de pesca, de industrialización de los productos, como también con las nuevas facilidades para avanzar la circulación de los bienes, puede ser convertida en un paraíso tropical, hermoso complemento a nuestro áspero clima de montaña.

Articulo publicado originalmente en
El Diario Ilustrado, Santiago, 3 de julio de 1950.
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